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FORTALECIMIENTO DE LA LECTURA SITUADA EN AULAS RURALES Y REPLANTEAR LA PREPARACIÓN PARA EL SIMCE

  • Académicos e investigadores destacan la necesidad de trascender el adiestramiento mecánico en pruebas estandarizadas y priorizar el desarrollo de habilidades de pensamiento de orden superior, la comprensión inferencial, la reflexión crítica y la evaluación formativa en escuelas multigrado del sur del país.

 

  • Plantean que la Formación Inicial Docente debe preparar profesores capaces de articular los saberes del territorio con el currículo escolar, promoviendo el aprendizaje profundo y la metacognición.

 

QUILACAHUÍN, Octubre de 2026. — En el contexto de un convenio de cooperación que se viene trabajando desde hace ya más de cinco años entre el Dpto. de Humanidades y Arte y la Fundación Misiones de la Costa, emerge el debate en torno a los resultados de las mediciones estandarizadas y las brechas educativas territoriales. En este marco, especialistas e investigadores en Didáctica de la Lengua y la Literatura, como el Dr. Alex Pavié junto al académico Claudio Meriño, trabajan para reorientar la enseñanza de la comprensión lectora hacia un enfoque situado, con pertinencia cultural y centrado en el desarrollo de habilidades cognitivas superiores.

 

Desde las aulas universitarias y los programas de formación docente de la zona sur austral, se advierte que la ruralidad no debe ser abordada bajo una lógica de déficit o aislamiento, sino como un espacio de riqueza cultural y memoria viva. En este escenario, la lectura adquiere pleno sentido cuando dialoga de manera directa con las vivencias, la tradición oral y los saberes comunitarios de las y los estudiantes.

 

Habilidades de pensamiento y taxonomías para el aprendizaje profundo

 

El equipo académico enfatizó que la comprensión lectora no se agota en la retención literal de datos aislados, sino que exige movilizar de forma deliberada el andamiaje cognitivo del estudiantado. De acuerdo con las taxonomías del aprendizaje contemporáneas orientadas a procesos cognitivos y metacognitivos —como las revisiones taxonómicas de Bloom-Anderson o el sistema de Marzano y Kendall—, el tránsito hacia el aprendizaje profundo requiere activar no sólo habilidades de orden inferior (recordar o identificar información explícita), sino sobre todo habilidades de orden superior: analizar estructuras textuales, inferir intenciones tácitas, evaluar perspectivas y crear nuevos sentidos. En este marco, la propuesta destaca tres dimensiones interconectadas de la lectura:

 

  1. La localización precisa de información (nivel literal), como anclaje base.
  2. La interpretación y lectura entre líneas (nivel inferencial), donde el estudiante vincula pistas textuales con su propia enciclopedia cultural para atribuir significado.
  3. La valoración crítica frente a su contexto (nivel reflexivo e interpretativo), peldaño donde emerge la dimensión metacognitiva: la capacidad del lector para tomar distancia, monitorear su propio proceso de comprensión, evaluar qué estrategias le permitieron desentrañar el texto y contrastar los argumentos del autor con la realidad de su entorno territorial.

 

Más allá del entrenamiento mecánico

 

Frente a la presión por los resultados en el Simce, los expertos alertaron sobre los riesgos de someter a las escuelas rurales a semanas continuas de ensayos y facsímiles descontextualizados:

 

“El adiestramiento superficial para rellenar hojas de respuesta no solo empobrece la experiencia formativa, sino que desgasta el interés genuino por los libros. El Simce mide habilidades cognitivas complejas; cuando una escuela enseña a formular hipótesis, a autorregular el pensamiento frente a la dificultad lectora, a debatir y a fundamentar juicios a partir del texto, el rendimiento en cualquier evaluación estandarizada llega como consecuencia natural de un aprendizaje profundo y no de un entrenamiento mecánico”, señalan los formadores de profesores.

 

Evaluación formativa y formación docente

 

El planteamiento destaca dos ejes estratégicos para consolidar este cambio de paradigma:

 

  1. Evaluación Formativa como Acompañamiento y Motor Metacognitivo: En aulas multigrado y contextos combinados, la calificación sumativa tradicional resulta insuficiente. Se propone intensificar la evaluación formativa a través de rúbricas analíticas transparentes, la retroalimentación procesual (feedforward) y el análisis pedagógico del error como punto de partida para la reescritura y la autorregulación. Al hacer conscientes los criterios de logro, los estudiantes aprenden a monitorear qué saben, qué les falta por comprender y cómo reorientar sus propias estrategias de lectura y escritura.
  2. Formación Inicial Docente (FID) con Pertinencia Territorial: Las universidades formadoras tienen la responsabilidad de superar el sesgo urbano de los planes de estudio, preparando a los futuros profesores de Lengua y Literatura como investigadores reflexivos de su propia práctica, con competencias para mediar en contextos de diversidad sociocultural y diseñar secuencias didácticas diversificadas que activen desafíos cognitivos significativos para cada estudiante.

 

La propuesta busca dotar a las comunidades escolares rurales de herramientas discursivas emancipadoras, asegurando que las niñas, niños y jóvenes de la región desarrollen una voz crítica, reflexiva y fundamentada tanto para su trayectoria académica como para el ejercicio activo de su ciudadanía.

FORTALECIMIENTO DE LA LECTURA SITUADA EN AULAS RURALES Y REPLANTEAR LA PREPARACIÓN PARA EL SIMCE

  • Académicos e investigadores destacan la necesidad de trascender el adiestramiento mecánico en pruebas estandarizadas y priorizar el desarrollo de habilidades de pensamiento de orden superior, la comprensión inferencial, la reflexión crítica y la evaluación formativa en escuelas multigrado del sur del país.

 

  • Plantean que la Formación Inicial Docente debe preparar profesores capaces de articular los saberes del territorio con el currículo escolar, promoviendo el aprendizaje profundo y la metacognición.

 

QUILACAHUÍN, Octubre de 2026. — En el contexto de un convenio de cooperación que se viene trabajando desde hace ya más de cinco años entre el Dpto. de Humanidades y Arte y la Fundación Misiones de la Costa, emerge el debate en torno a los resultados de las mediciones estandarizadas y las brechas educativas territoriales. En este marco, especialistas e investigadores en Didáctica de la Lengua y la Literatura, como el Dr. Alex Pavié junto al académico Claudio Meriño, trabajan para reorientar la enseñanza de la comprensión lectora hacia un enfoque situado, con pertinencia cultural y centrado en el desarrollo de habilidades cognitivas superiores.

 

Desde las aulas universitarias y los programas de formación docente de la zona sur austral, se advierte que la ruralidad no debe ser abordada bajo una lógica de déficit o aislamiento, sino como un espacio de riqueza cultural y memoria viva. En este escenario, la lectura adquiere pleno sentido cuando dialoga de manera directa con las vivencias, la tradición oral y los saberes comunitarios de las y los estudiantes.

 

Habilidades de pensamiento y taxonomías para el aprendizaje profundo

 

El equipo académico enfatizó que la comprensión lectora no se agota en la retención literal de datos aislados, sino que exige movilizar de forma deliberada el andamiaje cognitivo del estudiantado. De acuerdo con las taxonomías del aprendizaje contemporáneas orientadas a procesos cognitivos y metacognitivos —como las revisiones taxonómicas de Bloom-Anderson o el sistema de Marzano y Kendall—, el tránsito hacia el aprendizaje profundo requiere activar no sólo habilidades de orden inferior (recordar o identificar información explícita), sino sobre todo habilidades de orden superior: analizar estructuras textuales, inferir intenciones tácitas, evaluar perspectivas y crear nuevos sentidos. En este marco, la propuesta destaca tres dimensiones interconectadas de la lectura:

 

  1. La localización precisa de información (nivel literal), como anclaje base.
  2. La interpretación y lectura entre líneas (nivel inferencial), donde el estudiante vincula pistas textuales con su propia enciclopedia cultural para atribuir significado.
  3. La valoración crítica frente a su contexto (nivel reflexivo e interpretativo), peldaño donde emerge la dimensión metacognitiva: la capacidad del lector para tomar distancia, monitorear su propio proceso de comprensión, evaluar qué estrategias le permitieron desentrañar el texto y contrastar los argumentos del autor con la realidad de su entorno territorial.

 

Más allá del entrenamiento mecánico

 

Frente a la presión por los resultados en el Simce, los expertos alertaron sobre los riesgos de someter a las escuelas rurales a semanas continuas de ensayos y facsímiles descontextualizados:

 

“El adiestramiento superficial para rellenar hojas de respuesta no solo empobrece la experiencia formativa, sino que desgasta el interés genuino por los libros. El Simce mide habilidades cognitivas complejas; cuando una escuela enseña a formular hipótesis, a autorregular el pensamiento frente a la dificultad lectora, a debatir y a fundamentar juicios a partir del texto, el rendimiento en cualquier evaluación estandarizada llega como consecuencia natural de un aprendizaje profundo y no de un entrenamiento mecánico”, señalan los formadores de profesores.

 

Evaluación formativa y formación docente

 

El planteamiento destaca dos ejes estratégicos para consolidar este cambio de paradigma:

 

  1. Evaluación Formativa como Acompañamiento y Motor Metacognitivo: En aulas multigrado y contextos combinados, la calificación sumativa tradicional resulta insuficiente. Se propone intensificar la evaluación formativa a través de rúbricas analíticas transparentes, la retroalimentación procesual (feedforward) y el análisis pedagógico del error como punto de partida para la reescritura y la autorregulación. Al hacer conscientes los criterios de logro, los estudiantes aprenden a monitorear qué saben, qué les falta por comprender y cómo reorientar sus propias estrategias de lectura y escritura.
  2. Formación Inicial Docente (FID) con Pertinencia Territorial: Las universidades formadoras tienen la responsabilidad de superar el sesgo urbano de los planes de estudio, preparando a los futuros profesores de Lengua y Literatura como investigadores reflexivos de su propia práctica, con competencias para mediar en contextos de diversidad sociocultural y diseñar secuencias didácticas diversificadas que activen desafíos cognitivos significativos para cada estudiante.

 

La propuesta busca dotar a las comunidades escolares rurales de herramientas discursivas emancipadoras, asegurando que las niñas, niños y jóvenes de la región desarrollen una voz crítica, reflexiva y fundamentada tanto para su trayectoria académica como para el ejercicio activo de su ciudadanía.